Tecnologías que cambian el mundo



El continuo y rápido desarrollo de la tecnología provocará que, dentro de poco, sea común tener baterías que provean de energía a villas enteras o microchips que tomen el lugar de un órgano para investigaciones médicas.
Debido a la gran variedad de innovaciones que se están creando en varias partes del mundo, el Meta-Consejo de Tecnologías Emergentes del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) se dio a la tarea de identificar las diez tendencias que tendrán un mayor impacto en el mundo en los siguientes años.
“Este año, diez tecnologías emergentes ofrecen una visión vívida del poder de la innovación para mejorar la vida, transformar industrias y salvaguardar el planeta”, aseguró el presidente del Meta-Consejo, Bernard Meyerson.
En el reporte 10 Tecnologías Emergentes de 2016, el organismo internacional añadió que la identificación de estas nuevas herramientas también tiene como objetivo dar a conocer su potencial para así atraer inversiones, impulsar una regulación si es necesaria y el interés de la población en general.
Internet de las nanocosas
Actualmente el mundo está viviendo algo llamado el internet de las cosas, es decir, que dispositivos como autos, cafeteras o hasta termostatos se conecten a la red gracias a una serie de sensores. De ahí que se espere que para 2020 existan cerca de 30 mil millones de dispositivos con conexión a la red. Ahora los expertos están tratando de hacer sensores cuyo tamaño sea a una escala nanométrica para que puedan circular dentro de un organismo o mezclarse en otros materiales. Impacto en áreas como la medicina.
Baterías
La energía solar y eólica han demostrado ser efectivas, pero requieren ser más eficientes y por eso varios expertos están trabajando en la próxima generación de baterías. La idea es que los nuevos equipos sean capaces de almacenar la energía generada por las tecnologías renovables, volverlas una opción más confiables y estables, de tal manera que se pueda beneficiar a más de mil 200 millones de personas en el mundo que no tienen electricidad. Estas opciones son fabricadas con sodio, aluminio o zinc.
Blockchain
Mejor conocida como la tecnología detrás del Bitcoin, esta plataforma se convierte en un libro de contabilidad, pública y descentralizada, de transacciones que ninguna persona o empresa que posee o controla. Al menos 50 bancos en el mundo ya han anunciado una serie de iniciativas con Blockchain, y varios inversionistas están destinando más de mil millones de dólares (desde el año pasado) para apoyar a las startups que usan esta tecnología.
Materiales 2D
Como ocurrió con el cobre, los materiales pueden indicar el inicio de una nueva era y en esta ocasión puede venir de la mano de los materiales de dos dimensiones, los cuales están fabricados con grafeno, boro, boro hexagonal, nitruro, germanio, sicilio, fósforo y estaño. Cada uno de ellos tiene propiedades especiales como el grafeno, el cual es más fuerte que el acero, más duro que el diamante, muy ligero, flexible y es un ultra conductor de electricidad, por lo que se puede usar en la filtración de agua o en el pavimento.
Coches autónomos
Si bien ésta no es una tendencia nueva, está consolidándose, y en poco tiempo podría modificar a la sociedad moderna gracias a los esfuerzos de empresas como Google  o Tesla. Lo importante para que esto prospere es que la tecnología madure, para evitar las más de tres mil muertes al año por accidentes automovilísticos sólo en Estados Unidos, y que las autoridades de cada país comiencen a establecer nuevas regulaciones y normas legales, sobre todo, en materia de seguros.
Órganos en chips
Ya es posible que un microchip tenga las mismas funciones que un órgano del cuerpo humano. En 2010, en el Instituto Wyss se desarrolló un chip-pulmón y desde entonces varias instituciones y organismos federales de Estados Unidos han creado otros modelos para hígado, riñón, corazón, médula ósea y córnea. Cada uno de esos microchips tiene el tamaño de una memoria USB, y están fabricados de un polímero que tiene tubos para microfluidos de menos de un milímetro de diámetro y están forrados con células humanas.
Celdas solares Perovskita
Actualmente las celdas solares se fabrican con silicón. Sin embargo, otro material llamado Perovskita puede convertir este producto en algo más eficiente. Dicho material está hecho de moléculas orgánicas, principalmente carbono e hidrógeno, que al unirse con un metal como plomo, y un halógeno como cloro, forman un cristal tridimensional más barato y ecológico. Entre los factores que aún quedan para hacerlo comercial se encuentra la durabilidad, ya que se exponen por años al medio ambiente.
Ecosistemas de IA Abiertos
Existen ya varias inteligencias artificiales en las manos de los consumidores como Siri, de Apple; Cortana, de Microsoft; OK Google, de Google; o Echo, de Amazon. Sin embargo, éstas son propiedad de una compañía y los emprendedores no pueden utilizar sus sistemas para crear nuevos productos. El siguiente paso es desarrollar una inteligencia artificial cuyo código sea abierto y que genere un ecosistema que se conecte no sólo con los teléfonos o las computadoras, sino también con el termostato, el baño, los wearables, etc.
Optogenética
Se trata de una técnica para utilizar ingeniería genética que permite hacer neuronas que respondan a colores particulares de la luz. Esto se lleva a la parte electrónica con la que se logró crear microchips que ponen los nervios bajo control inalámbrico y generan un mínimo daño al cerebro. Con esto se busca ayudar a realizar experimentos para localizar en el cerebro males como el Parkinson, dolores crónicos, depresión o problemas de visión. Los neurocientíficos no pueden aún tener control sobre neuronas específicas.
Sistemas de ingeniería metabólica
Gracias a los recientes avances de la biología sintética, ahora se pueden crear sistemas biológicos que fabrican productos químicos que son difíciles de producir por medios convencionales, y a un menor precio. Por ejemplo, se logró fabricar un polímero biodegradable utilizado para suturas quirúrgicas, implantes y prostéticos. Estos sistemas de ingeniería metabólica también se utilizan para desarrollar cepas de levadura que se vuelven en opioides para el tratamiento del dolor.