La tecnología no siempre es la solución para las empresas

Se ha levantado una ola donde se piensa que la tecnología es la solución a todo, se piensa y se ejecutan decisiones de compra en base a esta premisa. Sin medir tan siquiera los gastos de actualización, la durabilidad o vigencia del nuevo sistema, si realmente es útil para la empresa, entre otros factores a considerar para la compra. Yo también pensé que esto era tan básico que de seguro no se les pasaría a las empresas, pero los Ejecutivos de Ventas de estos productos o sistemas tecnológicos están tan bien preparados para tocar las fibras del cerebro y emocionales de los consumidores que es casi imposible decir que no. Veamos algunas frases:

He llegado, incluso, a ver clientes que compran la solución más cara que les ofrecen porque el vendedor de la misma (cuyo único interés es hacer su cuota de ventas) los convence de que ellos “se la merecen”. 

“Usted se merece nuestro producto. Usted es el CIO de un empresa de clase mundial” –Vendedor de ERP a uno de sus potenciales clientes


En medio de esta cuarta Revolución Industrial liderada por la tecnología, en la que vemos cómo la Disrupción Digital no respeta industria, mercado o actividad alguna y cambia las reglas del juego de todo lo que toca, me encuentro con clientes – cada semana – que creen que la tecnología es la solución a todos sus problemas. 




La tecnología, per se, no es LA solución. No por comprar el mejor computador usted será un mejor programador. No por pagar por el CRM más caro del mercado sus clientes comprarán más. No por implementar el ERP líder en el mundo sus costos bajarán. No por meterle mil dólares a Facebook o a Twitter o a Google Ads su marca será más relevante y generará conversación con sus potenciales clientes. 

Antes de tomar una decisión de inversión en tecnología – hardware, software, servicios – usted debe entender qué es lo que está buscando (¿mejor perfilamiento de su clientes?, ¿incrementar su ratio de cross-selling a un mismo cliente?, ¿controlar los gastos de su empresa?, ¿disminuir los tiempos entre que diseña un servicio y lo lanza al mercado?, etc, etc.) y cuáles son las variables con las que medirá si efectivamente ese dinero que sacó (y que seguirá sacando) es un gasto o es una inversión.

Antes de ponerse a desarrollar su App o lanzarse con un nuevo startup tecnológico entienda qué es lo que está tratando de arreglar – el problema – y cómo su solución ayudará a combatirlo, mejorarlo o controlarlo (un buen ejemplo es Uber. Los problemas estaban claramente identificados; la aplicación y el servicio son exitosas porque atienden cada uno de ellos (facilidad, seguridad, forma de pago, mal servicio, feedback, transparencia, modelo esclavizante de los conductores, etc, etc). 

Cuenta la historia que mientras los Estadounidenses invirtieron millones de dólares en un esfero (pluma o estilógrafo) que pudiera funcionar sin problemas en el espacio (donde no hay gravedad), los rusos tomaron un camino más sencillo: usar lápices a bordo de sus naves espaciales. 

La tecnología es un HABILITADOR que permite a las empresas agilizar esos cambios, medir esos resultados y tener una visión real de lo que ocurre en su negocio. Ese habilitador es hoy más poderoso que nunca y por ende requiere de un involucramiento más decidido de quienes manejan el negocio – no sólo los que manejan TI-, pues son ellos al final quienes saben por qué y para qué es que se necesita la tecnología. 

Esta es una invitación a que piense en esas variables, a que no coma callado y a que analice, antes de salir a comprar o a desarrollar qué es lo que necesita, qué es lo que está buscando y, sobretodo, por qué y para que. 

Será en ese momento, en el que la tecnología se convierta en un diferenciador clave para su negocio. 

María Müller Noria

Creyente de Dios, emprendedora digital, usando mi cerebro al máximo y accionando en la realización de mis sueños.

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